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Mashco Piros en las orillas del río Yanayacu, Alto Madre de Dios (agosto de 2014) |
Cuando el Padre David Martínez de Aguirre, misionero dominico en la comunidad nativa de Kirigueti, me dijo que los denominados “pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial” no eran tales, y que más bien eran “grupos familiares en cautiverio”, me pareció una posición exagerada, dado que mi única información actualizada sobre los aislados procedía de los titulares que aparecen en las redes sociales o en las páginas de las organizaciones que defienden los derechos indígenas. Leí que los madereros, los narcotraficantes, las empresas extractivas, las empresas de turismo y los misioneros constituían una amenaza latente a la salud y a la vida de los aislados, y que el Estado peruano, a través de sus instituciones y normas, protegía el derecho de aislamiento en las Reservas Territoriales. Confieso que he leído sobre los aislados, mas nunca he conocido uno. He escuchado mil historias sobre ellos, pero nunca pude verlos directamente. En cambio, otros sí los conocen muy de cerca: los Padres dominicos que trabajan en las misiones de Shintuya, Kirigueti, Timpía y Sepahua, los trabajadores y relacionistas comunitarios de las empresas extractivas, los madereros ilegales, los narcotraficantes, los indígenas de las comunidades nativas aledañas a las reservas territoriales y algunos dirigentes de la FENAMAD (federación indígena de la región Madre de Dios). Hay que preguntarles a ellos para entender la situación. Desde luego, no creo que narcotraficantes y madereros ilegales quieran contarnos sobre sus experiencias, tampoco creo que las empresas extractivas quieran decir algo públicamente debido a su ya conocida política de “silencio empresarial”, así que tenemos pocas opciones.[1]
Resulta que después de conversar con algunos Padres dominicos
y leer la información que FENAMAD publica en su Facebook, me di cuenta que la
situación era otra. Primero, pues sí, esas amenazas existen, son latentes, pero
dejaron de ser amenazas para convertirse en una realidad con secuelas visibles.
Segundo, el Estado hace muy poco para proteger las reservas territoriales de
estos pueblos o actúa muy tarde. En vez de atenderlos durante su inminente
contacto prefiere confinarlos en las reservas con la excusa de proteger su vida
y su cultura.[2] Tercero,
y como consecuencia, resulta que las reservas territoriales no son espacios de
protección, sino una frontera erigida por el Estado y los proteccionistas para
que los aislados no puedan salir, pero sí para que las empresas extractivas,
narcos y madereros ilegales puedan entrar.[3]
Cuarto, es evidente que año tras año los aislados quieren dejar de ser aislados
y tienen la firme intención de contactar. Un reporte de la FENAMAD sobre el
último avistamiento de Masho Piros en el río Las Piedras dice: “Los agentes de
vigilancia trataron de calmarlos hablando casi el mismo idioma, el piro o yine.
Los aislados les dijeron que este jueves iban a volver para recoger los
plátanos y que a cambio les iban a dar carne”.[4]
Piden cosas como obsequios y también para trocar. Esto no es un intento de
aislamiento voluntario por parte de ellos, ni mucho menos una declaración de
guerra, es una proposición de relaciones contractuales, es una invitación al intercambio,
es el primer paso hacia el camino de la reciprocidad y las relaciones de
parentesco.
Ya no nos tienen miedo, ya no hay hacendados ni caucheros,
ni esclavos ni correrías, ya los indígenas no se matan entre sí. Les atrae lo
que tenemos, la modernidad. La conocen, la viven en los relatos de los jóvenes
intrépidos y la aprueban en las visiones de los viejos. Saben que en época de estiaje
pueden acudir a las poblaciones asentadas río abajo para obtener alimentos y
otros artículos. Son bastante listos para darse cuenta con quién están tratando.
No quieren estar aislados y sin embargo nosotros los aislamos… Empieza a tomar
sentido lo que me decía el Padre Martínez.
Lo que pasa es que tenemos miedo, por eso los rechazamos,
por eso los aislamos, por eso los tenemos en cautiverio. Pero ¿Miedo a qué? ¿A que
se enfermen y mueran con una gripe o sarampión?[5]
¿A que pierdan su cultura ancestral? ¿A que nos “piquen” con sus flechas? ¿A
que arrasen con nuestras chacras de plátanos y yucas? ¿A que se lleven nuestras
mujeres y niños? Son mentiras, todas son puras mentiras. En realidad tenemos
miedo e incapacidad de acudirlos oportunamente ante el brote de las epidemias,
tenemos miedo de compartir lo que tenemos (¡queremos vender!), tenemos miedo a ser
solidarios. También tenemos vergüenza, tenemos vergüenza de que aún existan esos
“primitivos”, esos “incivilizados”, esos “calatos” que delatan nuestro rostro indígena,
tenemos vergüenza de la inocencia, de la mirada franca y clara, de una forma de
vida que se contrapone a todos los privilegios que hemos alcanzado en modernidad.
También tenemos prejuicios arraigados en la ilusión de una “cultura ancestral”
o la continuidad de una “vida al natural, primitiva”. No queremos que esos aislados
se contaminen, no queremos otorgarles el derecho a la inclusión. ¿Es justo?
Desde mi punto de vista el contacto es inminente. ¿Cuál es
el verdadero riesgo de esto? Que los confinemos a su suerte en las reservas
para que no salgan, pero sí para que otros entren… ¿Qué podemos hacer? Primero
vencer nuestros miedos, aplacar la vergüenza y transformar los prejuicios. Es
el trabajo más arduo y el que nos toca como sociedad moderna. En segundo lugar,
cuidar la vida de esas personas proveyéndoles de atención médica oportuna para
prevenir o atender emergencias de salud. Luego de ello, recién se puede pensar
en acciones puntuales: capacitar a las comunidades nativas y brindarles todas
las herramientas necesarias para actuar de manera adecuada ante un contacto esporádico
o permanente (los actuales protocolos de contacto son más que nada protocolos
de espanto, es decir, sirven para espantar a los aislados); también hay que darles ciudadanía (¡pero si son
peruanos!), titular sus tierras, proveerles de educación y salud pública, fortalecer
su representatividad política y su capacidad de interlocución, evitar que formen
relaciones clientelares y de servidumbre, asegurar una interrelación respetuosa
y digna con los grupos sociales aledaños y, finalmente, permitir la evolución
de su sistema religioso-interpretativo[6],
sí, de ese conjunto de visiones producidas por la expansión de la conciencia que
en un momento dado los llevó a tomar la decisión de aislarse para protegerse
del exterminio y que ahora les provee del suficiente valor para contactarse con
otros, sí, de ese sistema que a la larga evitará lanzarlos a una interacción
traumática y desmembradora que proponemos como sociedad moderna.
[1] La
misión de Kirigueti se encuentra ubicada en la cuenca del Bajo Urubamba,
distrito de Echarati, provincia de La Convención, departamento del Cusco, Perú.
Esta misión recibe reportes de contacto de los Nanti de las cabeceras del río
Camisea. Otras misiones de vital importancia para entender la situación de los
indígenas en aislamiento y contacto inicial son: Shintuya (Manu, Madre de
Dios), Timpía (La Convención, Cusco) y la misión de Sepahua (Atalaya, Ucayali).
El Padre dominico David Martínez de Aguirre Guinea
trabaja como misionero hace más de 11 años en la comunidad nativa de Kirigueti.
Tuve la oportunidad de conversar con él en junio de 2014. Las opiniones y
escritos del P. Martínez, así como de otros misioneros dominicos respecto a los
indígenas aislados, se pueden leer en la revista Estudios Amazónicos (Lima), editada por el Centro Cultural José Pío
Aza (www.selvasperu.org). Revisar por
ejemplo los números 6 (2007) y 9 (2011). Así también, se puede ver un video en
donde el P. Martínez opina, entre otros temas, sobre los “pueblos en
aislamiento: ¿voluntario o forzoso?”: https://www.youtube.com/watch?v=LBiEf3ydgfk&list=UUADizBOX9pxgPwLLiEOpfpg
[2] En
mayo de 2006 el gobierno peruano promulgó la Ley N° 28736 para la protección de
pueblos indígenas u originarios en situación de aislamiento y en situación de
contacto inicial. La entidad del Estado peruano que atiende el tema es el
Viceministerio de Interculturalidad, del Ministerio de Cultura. Su rol es muy
cuestionado porque no realiza acciones concretas para la defensa y protección
de los aislados.
[3] La
empresa extractiva que opera en el Bajo Urubamba (provincia de La Convención),
es el Consorcio Camisea, liderado por Pluspetrol. Tiene en concesión los lotes
88 y 56. El lote 88 está superpuesto a la Reserva Territorial para indígenas en
aislamiento y contacto inicial Kugapakori, Nahua, Nanti y otros (RTKNN). La
expansión de sus actividades al interior de la RTKNN en el último año,
permitida por el actual gobierno, es el mejor ejemplo de que se puede entrar a la
Reserva, pero los que viven allí no pueden salir.
[4] La
FENAMAD (Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes) reporta
constantemente en su Facebook noticias sobre casos de avistamiento y contacto
con indígenas del río Alto Madre de Dios, Las Piedras, Los Amigos y Tahuamanu,
gracias a la presencia de agentes de vigilancia comunitarios. Incluyo el link
del último reporte: https://www.facebook.com/FENAMAD/posts/824622540904783.
La posición de la FENAMAD es clara, evitar el contacto forzoso por el riesgo de
enfermedades y el inicio de relaciones de mendicidad y dependencia. Además, es
una de las organizaciones que con más frecuencia exige acciones concretas al gobierno para la
protección de los indígenas en aislamiento.
[5] Se
debe desmitificar el tema de las enfermedades que son letales en los indígenas
en aislamiento. No todos los aislados o contactados responden igual a la gripe,
a la tos, a la viruela o al sarampión. Por ejemplo, una persona de la comunidad
nativa de Cashiriari (ubicada en el río del mismo nombre, afluente del
Camisea), me comentó que varios Nanti habían bajado a su comunidad hace dos
años, y él tenía miedo de que éstos se enfermasen con gripe o tos, así que les
advirtió del riesgo. Cuando los Nanti escucharon el nombre de las enfermedades,
en efecto no las conocían, pero cuando se les habló de los síntomas, entonces
dijeron que sí, que ya habían tenido antes estos síntomas, y que no generaban
ningún riesgo para sus vidas.
[6] Un
gran amigo mío, ex dirigente de la FENAMAD, me comentó que en el año 2006 fue
encomendado por su organización para acompañar a los aislados del río Las
Piedras en una de sus rutas usuales, así que surcó cuencas y pasó varaderos con
ellos durante dos semanas. Entre tantas anécdotas, la que más me llamó la
atención fue que los aislados tomaban ayahuasca todas las noches. ¿Acaso viven
en estado modificado de conciencia todo el tiempo? Si es así, entonces ellos
nos ven de una manera completamente diferente a la que nosotros pensamos. Sea
como fuera, al parecer nos ven aptos para el contacto, para pedirnos cosas,
para intercambiar.
Glenn Sheppard posteó en su blogg la siguiente entrada: http://ethnoground.blogspot.com/2014/09/mashco-piros-on-verge-missionaries.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+NotesFromTheEthnoground+%28Notes+from+the+Ethnoground%29
ResponderEliminarCuenta la historia de contacto de los Mashco Piro. Resalto un par de cosas: 1) Antes, los mashco querían alejarse, ahora bajan a las playas para pedir artículos y comida; 2) Los yine de las comunidades nativas aledañas a las zonas de contacto se escapan de los Mashco por temor, excepto cuando hay niños y mujeres. 3) Los mashco practicaban la agricultura y tenían un sistema político avanzado antes de exiliarse en las cabeceras de las cuencas, en donde retomaron la vida nómade. 4) Al parecer, algunos investigadores, indígenas, misioneros y empresarios de turismo tratan de contactar a los aislados de manera abierta, o de "jalarlos" al sistema moderno. Cada uno tiene sus motivos y forma de hacerlo. Finalmente, 5) Nadie (instituciones, investigadores) ofrecen salidas ante el inminente deseo de los no contactados de contactarse, excepto FENAMAD, que plateó varias propuestas a la comisión de Pueblos Indígenas del Congreso de la República del Perú este año.