Va el recuento sensible de una conversación que tuve con una joven mujer del pueblo indígena arakbut, de la familia lingüística Harakbut. Bueno, no fue una conversación en el sentido occidental, fue, más bien, una especie de lucha de palabras, pareceres y actitudes. Fue un despliegue “amigable” de armaduras y pechadas. No murió nadies, a penas algunos pedacitos del alma que tuvieron que reconfigurarse. En fin, los temas del día fueron la minería aluvial, la brujería y las “sendas visionarias” de la Ayahuasca.
Ayer vino a casa KQ. Lamentablemente, no puedo decir su nombre completo, porque ella me lo prohibió, ja, ja, ja. La describiré: es de tamaño medio, delgada, de piel clara (más bien sin broncear), de cabello lacio y marrón claro, labios delgados, ojos negros y largos (”china”, le dice la gente cercana a ella). Nariz respingada, pero no operada (creo). Cejas semi pobladas, más bien alargadas, retocadas. Rostro dulce, bonito y delgado según el ranking citadino. Tiene un lunar seductor al lado de los labios. Lleva lentes. No deja ver el resto de su cuerpo, pero viste bien, como alguien que sabe y conoce la fashonería citadina. Dice que, cuando llegó a la ciudad del Cusco, sentía vergüenza de su origen. Lo negaba. También negaba a su mamá: “Pobre mi madre –nos cuenta– yo hablándole en castellano por el teléfono cuando ella siempre me habló en arakbut. Tenía que ocultarme, separarme de mis amigos de la universidad para hablar con ella, en voz baja. CSM, cómo sentía vergüenza de ser yo, una india… La ciudad fue cruel conmigo”.
Felinashamánica, como la llamaré, tiene una personalidad fuerte e imponente. Dice las palabrotas que se le antoja, con quien sea y donde sea: “huevada, cagada, mierda, CSM, PTM, pendejo…”. Y las dice con el sentido y el tono que ameritan. Ella, no fintea. Es una personalidad arakbut, sin duda. Se sabe todas las pendejadas que el varón se inventa para conquistarla, para llevarla a la cama. Es guapa pues, y ella lo sabe, pero, al parecer, es su mayor desgracia, ya que cuando solicita ayuda de algún hombre, resulta que encuentra a un arrecho.
Felinashamánica, está llena de miedo, miedo de morir en cualquier momento por una brujería potente que le hicieron tres mitades, pero no las de Ino Moxo. Por ello, está dietando hace dos años. Por ello, no tiene novio ni pareja; no quiere perder el tiempo. Ella, se prepara para ejercer el chamanismo femenino con Ayahuasca. Tiene un maestro pucallpino dice que poderoso. Ha tenido muchos otros maestros, algunos arakbut, sus paisanos, pero dice que no son potentes, no son efectivos, porque no guardan la dieta: se pierden en el lecho de las mujeres. Dice que estos chamanes, los que se dejan llevar por los deseos, tienen un poder limitado.
Hay gradas en los chamanes: quienes guardan la dieta y quienes no. Quienes lo hacen, por años, desarrollan poderes de sanación, telequinesis, transportación y transformación avanzados. Estos chamanes, curan, dice ella, mientras que los otros solo te dan “analgésicos”, paracetamol, solo para aliviar el dolor, o sea, ese ratito te soplan, icarean y te sanan, pero luego el mal regresa. “Lo que pasa –dice ella– es que a mí me han hecho una brujería muy poderosa, al punto que mi vida está en riesgo, por eso he empezado a tomar ayahuasca, para sanar…Cualquier chaman no me puede curarme”.
Felinashamánica, trata de hablar como académica, o, mejor dicho, le gusta escuchar rollo académico, alturado, elaborado y, desde luego, complicado, aunque no entienda ni papas. Tampoco finge no entender. Ella, escucha, pero luego replica en otro código, en el indígena, en el chamánico. Cambia de tema estrepitosamente o hace las preguntas (mejor dicho los cuestionamientos) que a ella le interesan, no para aprender (porque una aprendiz iniciada ayahuasquera cree que ya lo sabe todo), sino para probar su punto con ajos y cebollas, ja, ja, ja. Luego, cambia de tema con otra pregunta. Nosotros, caemos en su juego, en su vaivén de preguntas y repreguntas, a las que regresa de vez en cuando. No es continuo su pensar, mucho menos sus intenciones. Quiere explorarnos, saber si somos confiables o pendejos, faramallas o sinceros, si somos apropiados para ella. Nos amenaza, bueno, me amenaza y me dice: “PTM, Donal, te voy a ver, te voy a ver, ya verás”. Se refiere a que me verá en la Ayahuasca, en sus visiones. Le preguntará por mí a La Plantita, y, sobre todo, a su súper maestro ayahuasquero de Pucallpa. Dice que éste, con solo concentrarse, sabe “ver” a las personas, es decir, identificar su posición en el mundo, sus intenciones, sus potencialidades y debilidades. Esta es información útil, digo yo, sea para preparar el ataque o convocar a un aliado. En fin, Felinashamánica no sonríe ni se amilana, confronta, ataca. Está a la ofensiva.
Su historia, es la siguiente: su papá, un renombrado líder arakbut y minero, murió, o, mejor dicho, según ella, lo mataron, porque creyeron que era el que provocaba los daños y la muerte en la comunidad. “Daño con daño se paga”, parece la conclusión de la aprendiz. Sigamos con la historia. El papá fue asesinado, quiero decir, murió de alguna enfermedad atribuida a la brujería. Pero no solo fue él la víctima. El poderoso daño apuntaba a toda su familia. Tres grandes brujos, liderados por uno llamado el HorticultorMalvado, hicieron una magia tan poderosa que pidieron la cabeza de todos. Dice ella que hay un muñeco de su padre con un palo atravesado en la cabeza. Dice ella que hay muchas de esas cosas para su hermana, que ya murió, y para ella también.
En efecto, su hermana mayor fue operada hace unos años en una clínica en Cusco. Salió de la operación y se fue a su pueblo. Allí empeoró y murió, quiero decir, fue asesinada por la brujería. La hermana, parapléjica, sin poder hablar, se despidió de Felinashamánica con una mirada de melancolía. En una visión de Ayahuasca, Felinaguerrera, preguntó qué quiso decirle su hermana mientras agonizaba. El maestro pucallpino, tomó la palabra: “tu hermana dijo que se iba, que tenía que morir, porque les pidió a los brujos esos que ella daba su vida por ustedes, por sus hermanos, que ella se iba, pero que dejen en paz a los demás familiares”. La hermana mayor se sacrificó. Felinashamánica, en vez de comprender el obsequio, el amor de su hermana, reiteró sus odios a los tres brujos. Los quiere ver muertos, al menos al mayor, al más poderoso, porque ella ya sabe quién es, ya que fue identificado en una sesión de Ayahuasca (típico). El tema, es que este brujo, o ese trío de brujos, esas tres mitades, son parientes de Felinashamánica, o al menos uno de ellos, porque el resto me huele que son de otras partes y tienen otras ambiciones.
¿Cuáles son esas intenciones? “Fácil –nos dice Felinashamánica–, lo que pasa es que mi papá y mi hermana mayor se oponían a que en la comunidad haya invitados”. Con invitados, se refiere a la gente de fuera, a los “amikos” o los “serranos” que hacen convenios con algunas familias de la comunidad para explotar el oro. Evidentemente, las personas que tenían sus invitados y que recibían dinero de ellos, estaban en riesgo por la posición del padre y de la hermana, así que atacaron con brujería, con daño, y los mataron. “Y yo también puedo morir en cualquier momento si esos brujos quieren, por eso estoy dietando…”.
En otro momento, Fierashamánica, nos dijo: “mi hermana tenía cuatro motores [para sacar oro], y por eso la liquidaron. Mi hermana, no hacía pagos o despachos para matar o hacer daño a la gente, pero sí hacía despacho a la Pachamama para que el oro aparezca, sin embargo, a ella le hicieron daño”.
La guerra por el oro está declarada en las arenas arakbut. Y esta guerra es mística: se desarrolla en el mundo suprasensible y se concreta con la enfermedad y la muerte en este mundo. Creo que el testimonio de Felinashamánica, revela las luchas o las batallas de poder por el control de un recurso que da dinero al toque y en abundancia. Cuando el egoísmo, la mezquindad, la ambición y la envidia, unidos al deseo de vestirse de ciudad, toman lugar en el corazón Harakbut, las orillas se pierden, se desvanecen. “Los ríos pueden existir sin agua, pero no sin orillas”, diría Ino Moxo. Y estas orillas, son: “sabiduría, fuerza y cariño”. Esto, han perdido los arakbut y los “amikos” del oro. Esto, está por perder Felinashamánica.
¿Y cuál es la enfermedad de Felinashamánica? Le duele la cabeza, su cuerpo se adormece, se desvanece, se “resetea”, dice ella. Colapsa a veces. Dice que ha visitado cuanto médico hay, cuanta clínica hay, pero no encuentran nada.
–¿Será el mercurio? –Le digo.
–¿Será falta de marido? –Bromea un invitado.
Ella, por supuesto, no ríe, sigue con su perorata y su tragedia, mejor dicho, con su lucha eterna entre el bien y el mal. No duda en decirnos que ella responderá como se debe, que con su maestro matarán “al maldito”. Ella, necesita amor. Perdonarse, perdonar. Necesita valor, valentía. “Sus orillas están mermadas”, diría Ino Moxo.
Felinafierashamánica, sin embargo, tiene un corazón indígena, tan grande como los odios que la abruman, tan grande como la desconfianza que la persigue. Tiene un corazón indígena, por su puesto, porque quiere compartir, socializar y acercarse. Nos dice que pongamos una chancha (cuota colectiva) para preparar patarashca (pescado en hojas de bijao). De pronto, cambia de tema y me dice: “Qué bonitas tus hijas, tu señora debe ser linda, por lo visto ella hizo todo el trabajo, paisano”.
Le atraigo, sin duda, pero ella duda de mí, desconfía de mi solvencia. Me dice paisano, porque la primera vez que nos vimos me dijo que parezco Harakbut, por mi porte y el cabello largo. También me dijo que me visto como chamán. También me dijo que no le diga nada de ella a W., otro arakbut. Esto es inusual. Nunca había visto a una mujer arakbut desinhibida, confrontacional, grosera, directa y arrogante, pero al mismo tiempo oculta en la penumbra, en modo incógnito.
¿Qué hace Fierafelinashamánica en mi casa? Sí, bueno, yo la invité, claro está, porque tenía curiosidad de volver a verla, ya que me impactó la primera vez que la vi. Me cautivó su seguridad y franqueza, su pecho en la voz, típico de la gente Harakbut. Pero, pensé que no iba a venir. Pues vino, sí, bajo una condición vestida de “sugerencia”: me dijo que invitara, además, a A., un joven quechua citadino por quien, al parecer, nuestra felina chamánica siente algo. Sin embargo, el mozo simpático y elocuente trajo a su novia argentina, una sicóloga que no habla mucho y que solo decía “estoy aprendiendo” (vaya, nunca conocí a una argentina que no hablara y que no tenga la razón todo el tiempo, ja, ja, ja). Mientras tanto, Fierashamánica, le decía a ella en tono de consejo: “tienes que probar ayahuasca, te va a curar”. Y de reojo miraba al refinado A., y le decía: “no sabía que tenías novia. Si no venías tú, yo no venía”. Luego, se dirigía a mí y me decía: “No sé por qué pienso que le vas a decir todo a W., por favor no lo hagas, carajo”.
Luego de su relato, crudo, sincero, solo me dieron ganas de fumar un mapacho, o dos. Uno le invité a ella, con toda reverencia; al final, es una guerrera más, una aprendiz con la espada desenvainada y la espalda descubierta, ja, ja, ja. Mi garganta se atoró con las hojas de coca y la naciente tos. Eso pasa cuando hablo de más. En esta ocasión, no era momento de hacerme el sabio o el chistoso. Solo callar y escuchar las lecciones de la aprendiz arrebatada. En mis adentros, me decía “ya vez, tienes que guardar la dieta si quieres avanzar”.
La aprendiz Guerrerafelina, Felinashamánica, tiene la belleza de una sirena encantada, pero en su interior hay alimañas peligrosas que no quiere vomitar o que vomita ocasionalmente, sin dejarlas del todo. Hay una luz, sin embargo, que entra por su boca y reside en su estómago, una luz que es su salvación. Así nos dijo ella que vio en una de sus visiones.
A veces, pienso que Fierashamánica, habla de esta realidad y a veces de la otra, las traslapa a gusto, haciendo de su relato una verdadera simbiosis de dos mundos inextricables. Una mente racional se pierde, o trata de diferenciar qué tanto pertenece a esta realidad y qué tanto a la otra, qué tanto es verdad y qué tanto es imaginación o visiones o sueños, pero, una mente suprasensible, o que conoce estos mundos conexos, lee o entiende el discurso en su complejidad, en su contexto, en su unicidad: todo es verdad y todo procede de la visión. Pero, entonces ¿Cómo te das cuenta que esa persona no dice sandeces? En los actos, en lo que hace. Esa es la marca de lo real, de lo concreto. Una persona puede hablar cuanto quiera, pero la magia de sus palabras se devela en sus actos, en este plano.
Fierashamánica, me cae, y me gusta, y ha perturbado parte de mis sueños. Solo parte. Me repongo del impacto de la sirena bulliciosa y beligerante, y mantengo la sobriedad. La fidelidad en este caso. ¿Cuál es mi propósito con ella? He determinado que será su decisión, está en sus manos. Mientras tanto, yo tranquilo y sonriente, dadivoso y hospitalario, como debe ser un Harakbut genuino.
–Bueno, don Donal, nos vemos pronto, pero no le digas nada a W. PTM, creo que le vas a decir todo, porque ya sé que es tu pata… ¡PTM!
Y así se despide Fierashamánica. Le doy un abrazo y retorno a mi lugar con el gusto de que me haya hecho una deferencia, de que me haya dicho “don”.
Donaldo Humberto Pinedo Macedo.
Cusco, viernes 03 de enero de 2025, luego de una masateada en mi casa con la “comunidad del masato”.
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